Receta para preparar golpes de Estado

Septiembre 27, 2012
Publicado en General, Reglas

Lunes 27 de julio de 2009 | Publicado en edición impresa
Opinión
por Moisés Naim para LA NACION

WASHINGTON.- El propósito de esta receta es ofrecer los ingredientes y la preparación para golpes de Estado que no dependan (al menos inicialmente) del uso de las fuerzas armadas. Como se sabe, el mundo ya no digiere tan bien los golpes militares. Esta intolerancia ha puesto de moda una nueva forma de cocinar la toma del poder. La nueva receta se basa más en abogados que en tenientes coroneles y usa como ingredientes fundamentales reformas constitucionales y referéndums, en vez de tanques y ataques armados al palacio presidencial.

La receta es diferente, pero el resultado es el mismo: un líder autocrático que, guardando las apariencias democráticas, retiene el poder por tiempo indefinido y hace lo que quiere. Es importante enfatizar que, al igual que todas las recetas que se internacionalizan, ésta también se prepara de manera algo diferente en cada país.

Por ejemplo, las elecciones en Zimbabwe para dejar a Robert Mugabe en el poder después de 29 años se cocinan de manera distinta de como se practica la gastronomía electoral en Rusia. Allí, la receta garantizó que, a pesar de los comicios, Vladimir Putin siga siendo el que manda aunque el presidente sea otro.

A su vez, en Irán, donde les gusta comer la política muy aderezada con religión, el chef supremo, el ayatollah Ali Khamenei, explicó que la aplastante y sospechosa victoria del presidente Mahmoud Ahmadinejad fue «una señal divina». Quienes protestaron en las calles de Teherán fueron apaleados por las milicias civiles del régimen, otro ingrediente indispensable en esta receta. En su versión latinoamericana, la receta depende más de manipulaciones constitucionales.

A continuación les ofrezco los ingredientes (con sazón latina) y su preparación:

1. Millones de pobres. Una abrumadora mayoría de la población a la que siempre se le ha prometido mucho y dado poco.

2. Gran dosis de desigualdad. Pobreza inimaginable que coexiste con fortunas incalculables.

3. Injusticia, exclusión social y discriminación racial.

4. Abundante corrupción.

5. Elites políticas y económicas complacientes y seguras de que «aquí no va a pasar nada».

6. Partidos políticos muy desprestigiados.

7. Una clase media apática y desilusionada de la democracia, la política y los políticos.

8. Parlamento, poder judicial y fuerzas armadas puestos en un largo remojo que les haya «suavizado» la espina dorsal. Es importante asegurar que en estas instituciones reinen la ineficiencia, la indolencia y la corrupción. Debe ser fácil comprar a un juez, un senador o un general.

9. Medios de comunicación cuyos propietarios los utilizan principalmente para promover sus propios intereses comerciales o electorales.

10. Una superpotencia extranjera neutralizada por otras prioridades y congestionada de emergencias.

11. Apatía mundial y una opinión pública internacional con déficit de atención.

12. Un enemigo externo fácil de denunciar como amenaza a la nación o como la causa de algún problema importante. La CIA es ideal. Un país vecino también sirve. O inmigrantes con otro color de piel. Si no, siempre están los judíos y el Mossad.

12. Brigadas de choque «populares» bien armadas y entrenadas para romper las cabezas de los miembros de la sociedad civil que osen reaccionar a los avances de «la revolución del pueblo». No hace falta que estas brigadas sean numerosas; sus miembros deben ser violentos y estar dispuestos a todo «en nombre de la revolución». Su vínculo con el Estado debe siempre quedar oculto. Las cárceles son buenos centros de reclutamiento.

PREPARACIÓN

1. Sacúdase bien a la población más pobre con la campaña de polarización y conflicto social más intensa y agresiva que sea posible. La armonía social es un obstáculo que debe eliminarse, mientras que el odio entre grupos sociales debe ser llevado a su máximo. Es fácil de lograr si se cuenta con los ingredientes mencionados antes.

2. Llegar al poder gracias a elecciones democráticas. Esto es más fácil si los partidos tradicionales están desprestigiados y el contrincante es un empresario neófito o un miembro de las clases políticas que siempre han dominado el poder.

3. Ganar toda nueva elección. Como sea. Hacer lo que haga falta. Pero nunca dejar el poder. Las elecciones no son para eso.

4. Cambiar los altos mandos militares promoviendo a oficiales de probada lealtad al presidente y su «proyecto». Premiar con promociones y beneficios materiales a los oficiales leales y castigar a los poco entusiastas. Espiar a todos todo el tiempo.

5. Hacer lo mismo con jueces y magistrados.

6. Proponer cambios constitucionales para ser aprobados mediante un referéndum. En ese plebiscito, estimular la abstención de la oposición.

7. La nueva Constitución debe garantizar todo tipo de derechos a los ciudadanos (especialmente a los más pobres) y minimizar sus deberes y obligaciones. Prometer que la nueva Constitución aliviará la pobreza y la desigualdad. También debe tener normas poco comprensibles que concentren el poder en el presidente y permitan su reelección indefinida.

8. Desprestigiar, minimizar y reprimir a la oposición política.

9. Controlar los medios de comunicación. Tolerar algunos medios críticos contra el gobierno que tengan poca audiencia, como ejemplo de que se respeta la libertad de expresión.

10. Repetir el paso número tres. Indefinidamente.

Link http://www.lanacion.com.ar/1155425-receta-para-preparar-golpes-de-estado

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